Las reservas llegan justo cuando no puedes mirar el móvil: en plena comida. CONTESTA pone un agente que responde al momento — mesas, horarios, carta, alérgenos, "¿tenéis terraza?" — dialoga con 20 clientes a la vez y te deja las reservas listas para confirmar. Tu número y tu app siguen siendo los de siempre.
Conservas tu número, tu app y tu historial. Sin instalar nada.
La reserva del sábado entra el viernes a las 14:30, con la sala llena. Para cuando contestas, ya han reservado en el de enfrente.
"¿Hasta qué hora dais cocina?", "¿tenéis opciones sin gluten?", "¿se puede con perro?". Cien veces por semana, siempre las mismas.
El día que libras, tu WhatsApp también libra. Pero la gente organiza su semana el lunes — y el que no contesta, no existe.
Horarios, carta, alérgenos, normas, aparcamiento. Solo dice lo que tú apruebas — lo que no sabe, no lo inventa.
Viernes por la tarde, veinte conversaciones a la vez, cada cliente atendido al instante. Sin poner a nadie a mirar el móvil.
Nombre, personas, hora y peculiaridades anotadas. Tú solo confirmas. Y si algo se sale del guion, te avisa y entras tú.